Origen del término Perros Cimarrones
| El Cimarrón es la única
raza de perros, verdaderamente uruguaya y que está enraizada íntimamente
con los inicios de nuestra nacionalidad. |
| Consultando con el
Diccionario de la Real Academia Española, Cimarrón es un adjetivo, un
americanismo / Salvaje; montaraz / Decíase del esclavo negro que huía al
campo: negro cimarrón. |
| Haciendo un estudio
etimológico, cimarrón es vocablo que se aplicó en América a todo lo que
habiendo sido doméstico o civilizado (si cabe aquí el término), se
volvía al estado libre, salvaje o silvestre, en los campos americanos;
al decir que tiene sus refugios en las cimas (en realidad en los valles
escondidos) de montes y sierras, con los que cimarrón sería el que vive
en las cimas o se oculta en ellas. |
| Tuvo una aplicación más
especializada que en ningún otro caso para calificar o denominar a los
perros descendientes de los traídos por los conquistadores y
colonizadores, que abandonaron el hogar y la amistad del hombre (o
fueron por ellos abandonados), dejando de lado sus hábitos domésticos y
volviendo a su estado salvaje, en una forma de regresión. |
Significado Histórico
Don Víctor Arreguine, en su "Historia del
Uruguay" (citado por el inolvidable Hermano Damasceno en su tan útil
"Ensayo de Historia Patria" 6ª. Edición, Barreiro y Ramos, 1929, pag.
414), nos da la información en forma harto elocuente. Dice H.D. en la
llamada (1), al pie de dicha página: |
| "Artigas y los perros
cimarrones. A pesar de tantas pruebas Artigas quedaba inflexible en su
patriótico empeño y resuelto a no transigir con los invasores. Ahí va
una prueba más de ello. Al ver las deserciones que empezaban a
producirse en las filas del indomable caudillo, Lecor creyó llegado el
momento de proponerle un advenimiento pacífico. Le ofreció el goce de
Coronel de Infantería portuguesa retirándose a residir en Río de Janeiro
u otro cualquier punto del Reino de Portugal, a condición de que
disolviese las ya reducidísimas fuerzas que le quedaban y entregase sus
armas y municiones".
"Diezmadas -dice Arreguine- se encontraban las fuerzas del
Libertador; rota aunque no abatida su bandera; sombrío el porvenir, y
sin más esperanzas que la de la muerte; pero el altivo caudillo de los
orientales rechazó con altura la degradante proposición que se le hacía,
contestando al enviado del generalísimo portugués: "Dígale a su amo que
cuando me falten hombres para combatir a sus secuaces, los he de pelear
con perros cimarrones". |
| Otra versión es la
Presidente del Instituto Histórico y Geográfico del Uruguay, el Profesor
Edmundo M. Narancio, cuya fuente es el periódico "El Censor", publicado
en Buenos Aires en los tiempos que nos ocupan, exactamente para el caso,
su número 83 del día jueves 23 de abril de 1817, en su primera página,
bajo el título "Remitidos" (sin autor o firma) que comienza así: |
| "Sr. Censor"
"Acaba de llegar a mi, una noticia que ha
llenado mi corazón de más amargura, que si nos hubiera derrotado un
ejército. Se me ha dicho que el General Artigas cuando dio la libertad a
los Oficiales de esta capital, que tenía en cautiverio, envió un recado
a nuestro gobierno concebido en los siguientes términos: Que le habría
de hacer la guerra eternamente, y cuando le faltasen hombres habría de
criar perros cimarrones."
Aún aceptando que el momento político,
con la más notoria complacencia con que el Directorio había aceptado la
invasión portuguesa de la Banda Oriental, puede explicar el deseo
porteño de poner a Artigas del peor modo posible ante la opinión pública
en Buenos Aires, lo cierto es que el Prócer, presa de la natural ira que
la defección porteña (una vez más) le habría producido, debió pronunciar
o escribir tal frase. |
| Artigas conocedor como
pocos o como nadie, de la tierra natal y de los seres, racionales o
irracionales que la poblaban, quiso, evidentemente, indicar que, aún
agotada la reserva humana, algo más habría de quedar en medio de la
tragedia total, campeando sobre las cuchillas patrias, símbolo vivo,
como el propio gauchaje, del invencible y vocacional sentimiento de
libertad, que era como la entraña misma de la nación oriental. |
| Ellos eran también un
símbolo de esa fuerza invencible que animaba a los orientales en la
lucha por su independencia y la conservación de su dignidad. Fue esa la
mejor, la más grande reivindicación del perro cimarrón, del salvaje
predador de ganados, merodeador de los campos, el ser símbolo, junto al
gaucho y al indio, de la libertad de la tierra y su pueblo. Símbolo
máculo y rebelde. Fuente:
http://www.ejercito.mil.uy/armas/caballeria/museos/Artigas/Cimarrones.htm |
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